España y Brasil: qué les une y qué les separa

Internacionalizacion como uno de los factores de aproximacion entre Brasil y Espana

España y Brasil: qué les une y qué les separa

¿Brasil es menos importante para España que los demás países latinoamericanos? Le hice esta pregunta al actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, poco antes de que empezara la campaña para las elecciones del 28-A.

Como periodista, buscaba conocer sus planes en política internacional con respecto a Brasil, ya que el talante del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, nada tiene que ver con el del líder socialista.

Planteé la cuestión dentro de un contexto específico: el rey Felipe VI había acudido a la investidura del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, mientras que a la de Bolsonaro, España envió a la presidenta del Congreso, Ana Pastor.

Sánchez contestó que «de ninguna manera» Brasil era menos importante. Según sus palabras, el Congreso de los Diputados es la tercera institución de España y, por lo tanto, “suficientemente representativa de la voluntad de la democracia española para mantener las mejores relaciones con Brasil”.

DIFERENCIAS ENTRE ESPAÑA Y BRASIL

Las relaciones de España con Brasil, sin embargo, son diferentes con respecto al resto de países latinoamericanos.

Aunque el Imperio Español dominara Brasil durante 60 años (1580-1640), entre ambos países no existen vínculos sentimentales arraigados en un pasado colonial compartido. Tampoco utilizamos el mismo idioma. Culturalmente, además, pese a las afinidades entre españoles y brasileños, estas no son tan directas como con los hispanohablantes.

ESPAÑOLES EN BRASIL

Pese a todo esto, Brasil fue durante casi medio siglo (de 1882 a 1930), el tercer destino americano de la emigración española. Miles de personas -se habla de 360.000 a 750.000- partieron hacia el gigante suramericano en busca de oportunidades, dejando atrás una economia agrícola escasamente modernizada y huyendo, los más jóvenes, de los tres años de servicio militar obligatorio.

Se formaron así numerosas colonias de inmigrantes, atraídos por la expansión cafetalera.

El café volvió a jugar un papel importante en otra corriente migratoria, posterior a la Segunda Guerra Mundial. Entre 1946 y 1958, São Paulo, que ya concentraba el 75% de los inmigrantes españoles en Brasil, se mantuvo como principal destino.

En este estado de Brasil, de hecho, y en otros del sur (Rio Grande do Sul, Paraná y Santa Catarina) ya había apellidos españoles, por su presencia en el Brasil colonial de los siglos XVI y XVII.

Estos lazos, sin embargo, nunca se tradujeron en una cercanía entre ambos países. Del mismo modo que a España siempre le han tirado más los países hispanohablantes, Francia y Reino Unido han sido los principales referentes europeos para los brasileños.

Ahora bien, esto no implica que Brasil no sea importante para España y que España no sea importante para Brasil.

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INTERNACIONALIZACIÓN DE EMPRESAS ESPAÑOLAS

En los años 90, de hecho, se produjo un cambio significativo en las relaciones bilaterales motivado por las privatizaciones llevadas a cabo por el presidente Fernando Collor de Mello, sobre todo en el sector siderúrgico.

Por esas fechas, muchas empresas españolas en proceso de internacionalización miraron hacia el mercado brasileño, donde, desde el inicio de la década de 1980, ya operaban la compañía de seguridad privada Prosegur y el Santander, hoy el primer banco extranjero en el país.

Esta apertura económica permitió, por ejemplo, el desembarco, en 1992, de Mapfre, aseguradora que hoy tiene en Brasil su segundo mercado (18% del negocio global de la empresa), con más de 11 millones de clientes.

Empresas espanholas no Brasil

INVERSIÓN ESPAÑOLA EN BRASIL

La inversión española directa en Brasil empezaba a extenderse con mucha fuerza, una tendencia creciente que se mantuvo durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, a partir de 1995.

En 1996 y 1997, Endesa e Iberdrola iniciaron las inversiones españolas en el sector de la distribución eléctrica en Brasil, expandiéndose al transporte y generación de electricidad. Después se introdujeron también en los sectores de agua, gas y telecomunicaciones y, más adelante, en el de las energías renovables.

En 1997, además, llegaron Repsol y Gas Natural Fenosa en ese mismo ámbito energético.

BRASIL, MERCADO ESTRATÉGICO PARA ESPAÑA

Telefónica llegó poco después, en 1998, iniciando un crecimiento que ha convertido a Brasil en responsable del 21% de los ingresos globales del grupo con unos 95 millones de clientes sólo en este país.

Hoy en día, hay más de 200 empresas españolas en Brasil: Santillana, Planeta, Cepsa, Acciona, Abertis, Llorente y Cuenca, Atrevia, Iberia, Indra, Meliá…

Al margen de los vínculos empresariales, que hacen de España el segundo mayor inversor extranjero en Brasil, con más 60.000 millones de euros, el comercio exterior entre ambos países ha crecido de manera exponencial.

Las importaciones de productos brasileños desde España han dado un salto del 413% desde el año 2000.

PERCEPCIONES DE ESPAÑA HACIA BRASIL Y DE BRASIL HACIA ESPAÑA

Con este trasfondo de negocios, España y Brasil van conociéndose un poco mejor y, por el camino, van cayendo algunos estereotipos. En la percepción de los españoles, Brasil ya no se resume exclusivamente al país del fútbol y del carnaval. Del mismo modo, para los brasileños, España ha dejado de ser sólo toros y flamenco.

Las percepciones y el desconocimiento mutuo, sin embargo, aún separan a España de Brasil y a Brasil de España e influyen, muchas veces, en la política exterior de ambos países.

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Así lo resume el informe Relaciones España-Brasil (Real Instituto Elcano, 2014), coordinado por Carlos Malamud, profundo conocedor de ambas realidades:

España tiende a ver a Brasil y a relacionarse con él como un país latinoamericano más, muy similar a las otras repúblicas hispanohablantes de la región, pero Brasil quiere ser tratado como la gran potencia que pretende ser, y que también es. A su vez, Brasil ve a España con un proyecto iberoamericano que puede interferir en sus posiciones e intereses en América del Sur, un proyecto claramente injerencista desde su perspectiva. Pero España quiere que se le reconozca su relación especial con buena parte del continente y su derecho a profundizar en la misma. Si bien ambas partes exigen del otro respeto mutuo, el gran desconocimiento que las dos sociedades tienen entre sí colabora al fuerte impacto de percepciones falsas y estereotipos deformados”.

Un paso importante, quizás, para acercar más a ambos países sería aumentar los esfuerzos en el sector cultural, y en estrategias de comunicación para visibilizar las iniciativas en este campo. Al fin y al cabo, Brasil y España tienen todos los elementos para, además de socios comerciales, hacerse grandes amigos.

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